10 de Octubre 2017

Otro caso de un hombre asesinado por una mujer que pasará sin que nadie lo note por no contar con la presión mediática feminista y LGTBita

El día de ayer, mientras revisaba Twitter, me choqué con una escueta nota en el que se narraba cómo un tipo llamado Carlos Luna Ramírez, de 34 años, fue asesinado cuando le dijo a su pareja que quería terminar la relación clandestina que llevaban para casarse con su enamorada, a quien había embarazado. Al parecer, Luisa Palomino Ontón, la presunta asesina de 52 años, se quitó la vida luego de cometer el crimen. Ramírez y Palomino se habían conocido hace más de seis años cuando el primero decidió alquilar una habitación en la casa de la mujer. Según información aportada por la familia de la víctima, ambos fallecidos mantenían la relación en secreto.

Según lo que encontramos en la versión policial, el hombre fue envenenado con algún tipo de raticida mezclado con cerveza.  Ambos cuerpos fueron localizados dentro del inmueble propiedad de Palomino Ontón, ubicado en Lomas de Zapallal, Puente Piedra.

Intentando revisar en otras fuentes me di con la sorpresa de que casi ni se le había prestado importancia a la noticia, en ese momento me pregunté ¿Saldrán los grupitos feministas a denunciar este acto como violencia de género? Evidentemente que no, es más, este caso, como muchos otros, pasará desapercibido sólo por el hecho de tener como víctima a un hombre. Sin la presión mediática LGTBita de su lado, los crímenes pasan desapercibidos.

A propósito de esta noticia podríamos cuestionarnos sobre la igualdad como meta política específica y alcanzable. Tenemos que reconocer que es imposible, al menos tal como nos lo presentan lo grupos feministas ¿Por qué? Porque no es un fin como controlar el aumento del IGV, arreglar el asfaltado de una calle o alguna otra medida que se ajusta a una realidad tangible. No, la “igualdad” que pregonan las feministas parece ser una cosa abstracta, un horizonte que se aleja de nosotros a la misma velocidad a la que nos dirigimos a él, algo escurridizo que parece tener que ser revisado cada año. Todos los objetivos políticos que han conseguido las feministas no han servido para alcanzar esa “igualdad” con la que sueñan, ni siquiera para rozarla con los dedos. La lucha feminista y sus activistas ya tienen más de medio siglo gritando y nunca han reconocido estar mejor que cuando empezaron; siempre hay nuevas desigualdades, nuevas discriminaciones, nuevos tipos de opresión patriarcal ¿Es que acaso los hombres nos reunimos para diseñar nuevas formas de opresión? Lo cierto es que para ellas siempre “queda mucho por hacer”. Parece que todo lo que se hace es fútil, que cada paso que se da es en falso, ¿para qué seguir gastando energías? Si es que existe esa “igualdad”, está claro que huye de nosotros los hombres.

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