27 de Octubre 2017

¿Las leyes para erradicar la violencia de género son las idóneas para acabar con el maltrato a la mujer? Definitivamente no.

Por: Alejandro Muñante Barrios.
Director de la Red Nacional de Abogados por la Defensa de la Familia – RENAFAM.

Violencia de género en stricto sensu atañe a aquella violencia física o mental que un género emplea sobre el otro, para lograr su opresión y sumisión. Entendiéndose “género” al conjunto de características como cada quien construye su sexualidad, independientemente del sexo biológico con el que se nació.

¿Existen personas que maltratan o matan a otra persona por razón de su “género”? Para ser más claros, ¿existen hombres que golpeen o asesinen a una mujer (cualquiera) por el sólo hecho de ser mujer (feminicidio)? Claro que no, al menos yo no he visto ninguno. Y es que, si aceptamos ello, estaríamos asumiendo que existe un odio irracional de muchos hombres en contra de las mujeres, que les impediría incluso tenerlas como parejas. Sin embargo ¿Por qué entonces la violencia “de género” se da al interior de relaciones sentimentales?

En efecto, más del 95 por ciento de los casos de maltrato físico o psicológico contra la mujer se da en el contexto de una violencia familiar o doméstica (*), muchas veces motivado por celos, pleitos, diferencias irreconciliables, embriaguez, etc., y no por un odio irracional del hombre hacia la mujer como se pretende vender.

Y es en este aspecto que las políticas públicas nada o poco han hecho erradicar dicho flagelo; por el contrario, se están destinando recursos para tratar esta problemática de forma aislada y segregada, como que si la fuente del problema fuese la “desigualdad de género” propiciado por una “sociedad patriarcal opresora”.

Tratar la violencia doméstica como un problema de género, invisibiliza su real dimensión y sus verdaderas fuentes, tales como: la rotura de los lazos familiares, problemas de salud mental, falta de entendimiento de la complementariedad, entre otros. Incrementa así los fantasmas de una absurda guerra por la supremacía y la opresión, y por ende cataloga cualquier tipo de violencia contra la mujer como una muestra de “machismo imperante”, logrando de esta forma acrecentar las cifras de la supuesta violencia de género y otorgar con ello el capital ideológico a una lucha hegemónica emprendida por el feminismo moderno que está destinada a distanciarnos más como sociedad.

Las feministas saben que “el enfoque de género” no es la solución a la violencia contra la mujer, y por eso lo defienden, porque les interesa mantener vivo el conflicto, sin la cual no tendrían razón de ser, y por ende no habría nadie quien financie sus campañas y como consecuencia sus salarios. El enfoque de familia y de complementariedad entre hombres y mujeres es la solución, por eso no les gusta.

Efectivamente, necesitamos que el Estado cambie su enfoque, voltee la mirada hacia la familia, e implemente políticas públicas orientadas a defender y proteger a la niñez, la promoción del matrimonio, el fortalecimiento de los lazos familiares, y la atención especial al adulto mayor. Solo así, podremos disminuir las cifras de violencia que tanto nos aqueja y vislumbrar un futuro esperanzador.

Por ello es necesario eliminar la carga ideológica en estos asuntos, porque nos impiden ver las verdaderas causas de la violencia, y sobre la base de un enfoque de familia y de complementariedad entre hombres y mujeres, diseñar y ejecutar políticas preventivas que tengan como prioridad el fortalecimiento y promoción de la familia, como fuente de desarrollo y bienestar social.

Artículo original en Manifiesto

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